Walter Riso llegó a la Feria Internacional del Libro de Guayaquil 2026 con esa soltura que lo caracteriza y estuvo listo para reencontrarse con la gente en el Centro de Convenciones en el marco de esta cita literaria que llega a su fin hoy, domingo 20 de septiembre.
En el marco de la FIL Guayaquil 2026, Riso aborda factores que inmunizan contra la depresión, explica a los “huérfanos del amor propio” y repasa sus obras.
Walter Riso llegó a la Feria Internacional del Libro de Guayaquil 2026 con esa soltura que lo caracteriza y estuvo listo para reencontrarse con la gente en el Centro de Convenciones en el marco de esta cita literaria que llega a su fin hoy, domingo 20 de septiembre.
Durante su paso por el evento, el reconocido psicólogo ofreció una conferencia magistral sobre su obra más reciente, Los 7 pilares del amor propio, además de compartir momentos de cercanía con sus lectores en una concurrida sesión de firma de ejemplares.
A sus 35 años de trayectoria en la práctica clínica, con cerca de 40 libros publicados y traducidos a más de 25 idiomas, este doctor en psicología, especialista en terapia cognitiva y magíster en Bioética, se sienta a charlar sin rodeos, con la naturalidad de quien se toma un café entre amigos. Su retorno a la ciudad tenía un sabor especial, ya que el año pasado una cirugía de urgencia de su esposa le impidió viajar. Esta vez no faltó a la cita, decidido a recuperar ese espacio y disfrutar del cariño del público ecuatoriano y de la gastronomía local, especialmente de los camarones.
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La idea de escribir sobre el amor propio no surgió por una ocurrencia comercial ni por moda. En realidad, Riso se encontraba trabajando en un texto enfocado en la depresión. Mientras revisaba las investigaciones científicas más recientes sobre el tema, descubrió con sorpresa que el amor propio es uno de los factores que genera mayor inmunidad frente a la depresión, además de ayudar a reducir la ansiedad y regular la presión cardiaca. Allí comprendió que la autoestima tradicional se quedaba corta y necesitaba completarse. La autoestima resulta positiva pero depende del rendimiento, de si se logran metas, de las buenas calificaciones o del éxito. El amor propio, en cambio, consiste en el reconocimiento incondicional de la dignidad humana: quererte por el solo hecho de estar vivo, sin pedirte resultados a cambio.
Para explicarlo de manera cercana, Riso recurre al amor de un padre hacia su hijo. Si tienes un hijo, lo amas sin importar si es alto, flaco, bonito o talentoso para las matemáticas. “Si tuviera sobrepeso, problemas de aprendizaje, sufriera de bullying o hiciera pataletas, jamás dejarías de quererlo”, dice. El amor propio debe funcionar de la misma manera hacia uno mismo, cuidando de la propia humanidad con independencia de los logros. No se trata de una autoayuda liviana, sino de un enfoque con base científica sustentado en la psicología cognitiva de figuras como Albert Ellis y Aaron Beck. La gran respuesta del público, así como la adopción del libro en procesos terapéuticos y espacios académicos, confirmó la falta que hacía abordar este tema en profundidad.
Los “huérfanos del amor propio”
Durante esta entrevista surge un concepto clave de su trabajo: los huérfanos del amor propio. Riso aclara que se trata de una orfandad aparente, pues el amor propio nace con el ser humano como una estrategia inicial de supervivencia para escapar del dolor y buscar bienestar. Con el crecimiento, esa valoración se conecta con los valores y las creencias. Sin embargo, cuando desde la infancia se reciben etiquetas destructivas o mensajes que descalifican las capacidades personales, la persona se distorsiona hasta creer que no merece afecto. Es en ese punto donde comienzan las negociaciones con los propios principios, las entregas ciegas en relaciones dañinas y la falta de defensa de los derechos individuales.
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Existe también el prejuicio de que amarse a uno mismo es egoísmo o implica descuidar a los demás. Riso desmiente esto de forma categórica y, respaldándose en pensamientos como el de Erich Fromm, señala que el afecto personal es el requisito previo para poder amar de forma sana. Reconocer la propia humanidad y sentir el dolor personal permite desarrollar compasión ante el sufrimiento ajeno y celebrar las alegrías de otros. Frente a la enseñanza tradicional de que los demás son más importantes que uno, Riso plantea que nadie es más importante que uno, sino tan importante como uno. La ecuación afectiva siempre debe incluir el autocuidado: para querer al otro hay que quererse primero.
La duda como herramienta de crecimiento
A pesar de sus décadas de experiencia, Riso sostiene que su propia visión del amor y la salud mental no es estática. Su aprendizaje se nutre a diario del contacto directo con el dolor de sus pacientes, de la preparación de contenidos para formar a nuevos terapeutas y de la lectura de disciplinas como la sociología, la filosofía y la antropología. Aunque no es creyente religioso, se considera un hombre profundamente espiritual, abierto a rescatar aprendizajes de sabios de distintas tradiciones. Para él, la capacidad de dudar es una condición esencialmente humana, distante de las certezas rígidas de una máquina o una inteligencia artificial. Admitir ante sus estudiantes que “no lo sabe todo” refleja una postura realista de la vida.
Esa postura crítica le permite señalar los peligros de la sobreinformación en el entorno digital. En la actualidad, las redes sociales albergan contenidos sin sustento científico elaborados por personas no formadas en el área, lo que resulta peligroso al poder inducir problemas de salud mental con consejos equivocados. El propio autor fue víctima de la suplantación de su identidad en cerca de 90 plataformas digitales que difundían afirmaciones falsas a su nombre. Aunque esa situación ya fue controlada, insiste en que la divulgación en psicología exige el máximo rigor y seriedad.
Su presencia en redes sociales
Riso decidió involucrarse personalmente en la creación de videos y materiales informativos para sus plataformas digitales con el fin de promover la salud mental y prevenir trastornos. Si la evidencia científica muestra que el afecto en la infancia disminuye el riesgo de depresión en la adultez, considera que es un deber profesional difundir esa información. Aunque no suele pasar tiempo navegando en redes sociales y cuenta con un equipo de apoyo, valora el intercambio directo con la comunidad, tanto en transmisiones virtuales como en espacios presenciales.
Su regreso a Guayaquil significó retomar ese diálogo cálido con los lectores ecuatorianos. Le emociona la diversidad de personas que se le acercan, desde jóvenes hasta madres que acuden acompañadas de sus hijos para presentarle al autor que leyeron en momentos difíciles. Para el psicólogo, participar en un encuentro literario y firmar sus obras representa una fiesta de intercambio genuino y productivo, alejada de formalismos fríos.
La propuesta de desaprender
Al ser consultado sobre el mensaje que buscó dejar en el público que asistió a sus actividades, Riso cuestiona la prisa cotidiana y pregunta qué vida quiere vivir realmente cada persona. Crítico de los discursos del optimismo mágico que aseguran que “todo se puede”, así como de las exigencias de alcanzar la “mejor versión” o conectar con un “niño interior”, advierte que tales conceptos crean metas ideales difíciles de cumplir que generan frustración.
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En lugar de sumar más metas y teorías, su propuesta invita a desaprender. Compara la mente con un jardín que requiere limpieza para retirar la maleza y las sombras que impiden el bienestar. Para salir adelante y vivir con tranquilidad, el camino no es acumular datos, sino desprenderse de las falsas creencias y los mandatos heredados que no son ciertos, asumiendo la responsabilidad de la propia vida con respeto y compasión.
Riso insistió en la importancia de soltar la búsqueda obsesiva de la perfección y aprender a habitar la propia vida con serenidad: “Uno tiene que aprender a convivir con la incertidumbre, con las imperfecciones y con la vulnerabilidad, porque ahí es donde realmente empieza la paz mental”.
Anécdotas que permanecen en la memoria
En su trayectoria por Ecuador guarda recuerdos muy especiales. Entre ellos evoca una caminata nocturna por el centro histórico de Quito, donde al acercarse a un edificio iluminado encontró a una mujer mayor leyendo Aprendiendo a quererse a sí mismo. Al entablar conversación y revelar su identidad, compartieron un diálogo entrañable en plena vía pública.
De igual manera, recuerda con simpatía la ocasión en que un asistente a una de sus firmas en Guayaquil le obsequió una gallina viva. El gesto le resultaba especialmente significativo por sus raíces italianas, donde ofrecer comida se interpreta como un acto de afecto puro. Combinando el rigor de sus 37 libros publicados con una cercanía auténtica, Riso concluye su paso por la ciudad recordando que el amor propio es, en esencia, la aceptación serena y respetuosa de la propia humanidad. (E)
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