El fin del mundo tiene un nuevo rostro: Jacob Elordi protagoniza ‘La guerra de los últimos’

El mundo se acabó y Hig (Jacob Elordi) sigue volando. En La guerra de los últimos, Ridley Scott sitúa a su protagonista en un planeta devastado por una epidemia que comenzó como una gripe mortal y dejó a la población reducida a unos cuantos sobrevivientes. No hay zombis ni criaturas persiguiéndolos. El peligro tiene otra forma y, por desgracia, resulta bastante familiar: son los propios seres humanos.

 El australiano interpreta a un piloto que recorre en avioneta un mundo destruido por una epidemia. Ridley Scott dirige esta adaptación de The Dog Stars.  

El mundo se acabó y Hig (Jacob Elordi) sigue volando. En La guerra de los últimos, Ridley Scott sitúa a su protagonista en un planeta devastado por una epidemia que comenzó como una gripe mortal y dejó a la población reducida a unos cuantos sobrevivientes. No hay zombis ni criaturas persiguiéndolos. El peligro tiene otra forma y, por desgracia, resulta bastante familiar: son los propios seres humanos.

Elordi no se baja de la gran pantalla; ahora se sube en una avioneta. Hig –su personaje– pasa buena parte de sus días sobrevolando un mundo devastado, buscando una señal que le indique que todavía existe una posibilidad de empezar de nuevo. Volar es su escape de una rutina posapocalíptica hecha de vigilancia, silencios y supervivencia. Y, de paso, confirma que tener conocimientos de aviación podría ser una excelente inversión de futuro (nunca se sabe cuándo será necesario).

Seguir la carrera del australiano de 29 años también permite conocer la diversidad de sus papeles y lo vuelve difícil de encasillar. Después de hacerse conocido por The Kissing Booth y consolidar su popularidad como Nate Jacobs en Euphoria, el actor ha ido buscando personajes cada vez más alejados de aquella imagen inicial. Priscilla, Saltburn, The Sweet East, Frankestein, Cumbres borrascosas han dejado claro que no tiene intenciones de quedarse cómodo en un solo registro.

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En esta producción –con un rodaje hecho íntegramente en Italia, con locaciones en Roma y en localidades de las provincias de Udine y L’Aquila– muestra otra clase de interpretación de Elordi. Habla poco, carga con una pérdida que no explica todo el tiempo y pasa buena parte acompañado de su perro Jasper.

En la película, tres perros romanos dieron vida al fiel acompañante de Hig. “Había uno entrenado para revolcarse en el césped con Jacob, otro para quedarse sentado y quieto, y otro que sabía atacar, y los tres eran exactamente iguales. Jacob se sentía muy cómodo con los perros, y ellos con él”, cuenta Scott.

Elordi, amante de los perros, al igual que su actual pareja sentimental, la modelo estadounidense Kendall Jenner, desarrolló un vínculo especial con Raksha, una pastora belga malinois que interpretó a Jasper en parte del rodaje.

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Hig vive en un aeródromo junto con Bangley (Josh Brolin), un ermitaño armado que ha hecho de la desconfianza una estrategia de supervivencia.

Brolin le da al personaje la dosis exacta de aspereza al convertirlo en un hombre que probablemente evitarías conocer en circunstancias normales, pero agradecerías tener cerca cuando el mundo se viene abajo.

En la trama, Bangley da consejos que Hig no siempre quiere escuchar (rebeldía que en momentos de supervivencia caotiza todo), establece reglas que parecen exageradas y sospecha de cualquiera que se acerque. El problema es que suele tener razón.

“Trabajar con Josh hizo que esta experiencia fuera aún más especial. Rodábamos en Italia, en los Dolomitas, y nos sentábamos en un hangar de aviones a conversar. Es un narrador increíble”, dice Elordi.

Margaret Qualley (La sustancia) y Guy Pearce (The brutalist) completan un relato que empieza a preguntarse ¿qué ocurre cuando la supervivencia deja de ser un asunto individual? (E)

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