Un viaje al agua sin salir de Guayaquil: así es el Museo Interactivo Océano Vivo en la Universidad de las Artes

Hay quienes conocen el océano navegándolo. Otros, buceando entre corales o contemplando el paso de las ballenas jorobadas frente a la costa ecuatoriana. Ahora, también es posible recorrerlo desde el corazón de Guayaquil. Ese es el espíritu del Museo Interactivo Océano Vivo, una propuesta inaugurada en la Sala Ría de la Biblioteca de las Artes que transforma el espacio en una experiencia donde el arte, la ciencia y la tecnología se unen para acercar el mar a la ciudad.

 La universidad y la Fundación Amiguitos del Océano transformaron la Sala Ría de la Biblioteca de las Artes en un recorrido para descubrir la riqueza del mar.  

Hay quienes conocen el océano navegándolo. Otros, buceando entre corales o contemplando el paso de las ballenas jorobadas frente a la costa ecuatoriana. Ahora, también es posible recorrerlo desde el corazón de Guayaquil. Ese es el espíritu del Museo Interactivo Océano Vivo, una propuesta inaugurada en la Sala Ría de la Biblioteca de las Artes que transforma el espacio en una experiencia donde el arte, la ciencia y la tecnología se unen para acercar el mar a la ciudad.

Impulsado por la Universidad de las Artes (UArtes) y la Fundación Amiguitos del Océano (FADO), el museo busca que personas de todas las edades, especialmente niños y niñas, descubran la biodiversidad marina a través de una experiencia lúdica, inmersiva, comunicacional, vivencial y sensorial. La iniciativa forma parte del trabajo que ambas instituciones desarrollan desde hace más de tres años y que ha fortalecido proyectos de vinculación con la comunidad, investigación y prácticas preprofesionales.

Daniela Hill, directora de la fundación, junto con Juan José Ripalda, docente a cargo de Mediaco Lab y El Recinto Lab. Foto: Francisco Verni Peralta

El proyecto tiene un propósito claro: fomentar la cultura y la alfabetización oceánica mediante exhibiciones interactivas que permitan comprender la importancia de los ecosistemas marinos y la necesidad de conservarlos. Para la fundación, se trata también de reconectar a las comunidades costeras y al público en general con el océano desde nuevas formas de aprendizaje.

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La idea tomó forma durante la edición 2025 del festival Sinfonía de ballenas, desarrollado en Ayangue, provincia de Santa Elena, donde cada año llegan las ballenas jorobadas. Allí surgió la posibilidad de crear un museo que trasladara esa experiencia a tierra firme.

“Comenzamos a soñar con llevar un poco de mar a la ciudad. Comenzamos a hablar, qué tal si hacemos un museo, qué tal si hacemos una exhibición que muestre diferentes ecosistemas. Queríamos emocionar a la gente, porque queremos que exploren y que se sientan un poco en la casa azul”, recordó Daniela Hill, directora de FADO.

A partir de ese primer planteamiento, docentes, estudiantes y especialistas empezaron a construir una propuesta que fuera más allá de una exhibición tradicional. Para Juan José Ripalda, docente de UArtes, el museo representa una nueva forma de transmitir conocimiento.

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“Estamos de acuerdo en que un museo interactivo era algo que necesitábamos hacer, que la ciudad necesita, no solamente traer el océano, sino para también demostrar otras formas de comunicación, otras formas de transmisión de conocimiento, integrando las artes, el movimiento, la interacción e integrando también lo científico”, explicó.

El resultado es un recorrido de aproximadamente una hora y media dividido en diez estaciones que invitan al visitante a activar todos sus sentidos. Desde el ingreso, un túnel prepara la inmersión antes de encontrarse con enormes estructuras de ballenas jorobadas que introducen al público en la migración de estos cetáceos, su papel dentro del ecosistema y las amenazas que enfrentan, como el cambio climático y la contaminación acústica provocada por las embarcaciones.

Las esculturas fueron desarrolladas por estudiantes del Laboratorio Interdisciplinario de la Universidad de las Artes. Solo su construcción requirió la participación de catorce personas y cerca de 100 horas de trabajo entre estructura, iluminación y decoración.

Un viaje al agua sin salir de Guayaquil: así es el Museo Interactivo Océano Vivo en la Universidad de las Artes. Foto: Francisco Verni Peralta

El sonido ocupa un lugar central dentro de la experiencia. En diferentes espacios del museo se escuchan grabaciones reales de cantos de ballenas obtenidas durante un proyecto de bioacústica desarrollado por la fundación. A ellas se suman sonidos del mar, de Ayangue y de instrumentos ancestrales como los churos, creando un ambiente envolvente que también evidencia el impacto del ruido de los motores sobre la fauna marina.

“Cuando grabamos ballenas, el océano se ve calmado, completamente vacío. Tú pones ese micrófono debajo del agua y escuchas cientos de sonidos diferentes. Eso nos recuerda que el océano es el ecosistema más grande del planeta y que ahí habita un montón de especies”, comentó Ripalda.

Un viaje al agua sin salir de Guayaquil: así es el Museo Interactivo Océano Vivo en la Universidad de las Artes. Foto: Francisco Verni Peralta

La tecnología también se convierte en una herramienta educativa. Una de las estaciones incorpora un videojuego desarrollado en Minecraft, inspirado en la Reserva Marina El Pelado, donde los visitantes deben aplicar buenas prácticas ambientales y liberar especies atrapadas en redes de pesca abandonadas. La idea nació después de una salida de campo realizada con estudiantes a Ayangue, quienes conocieron de primera mano el trabajo que desarrolla la fundación en la comunidad.

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Otra de las experiencias permite recorrer virtualmente la reserva mediante lentes de realidad virtual. El viaje incluye imágenes aéreas captadas con dron, escenas submarinas y una inmersión en el fondo marino, donde aparecen corales, peces y el emblemático Cristo de las Aguas, una escultura instalada en 2009 y considerada uno de los símbolos de la comunidad.

Un viaje al agua sin salir de Guayaquil: así es el Museo Interactivo Océano Vivo en la Universidad de las Artes. Foto: Francisco Verni Peralta

El recorrido continúa con espacios dedicados a los arrecifes coralinos, la contaminación por basura marina, la bioluminiscencia y los fondos oceánicos profundos. Cada estación combina información científica con recursos artísticos e interactivos para explicar temas como el carbono azul, la minería submarina o la importancia de proteger los ecosistemas marinos sin recurrir a un lenguaje especializado.

En otra sala, una pantalla interactiva convierte el movimiento de los visitantes en destellos de organismos bioluminiscentes. La propuesta busca recordar que el cuerpo humano también está compuesto mayoritariamente por agua y que el movimiento genera nuevas formas de vida visual dentro de la experiencia.

El museo incorpora además una estación de “artivismo”, donde los asistentes pueden dejar un compromiso personal con el océano mediante mensajes que luego son proyectados en una pantalla como parte de la exhibición.

Un viaje al agua sin salir de Guayaquil: así es el Museo Interactivo Océano Vivo en la Universidad de las Artes. Foto: Francisco Verni Peralta

Detrás de cada una de estas instalaciones hubo un trabajo conjunto entre estudiantes, docentes y laboratorios universitarios como Mediaco Lab y El Recinto Lab, además del apoyo operativo de Manzana 14. La intención fue que los proyectos desarrollados en las aulas encontraran un espacio real de aplicación y vinculación con la comunidad.

Para Hill, la respuesta del público durante los primeros días confirmó el interés por una iniciativa de este tipo.

Aunque el museo fue concebido inicialmente como una muestra temporal, tanto la fundación como la universidad esperan que esta experiencia sirva de base para impulsar un espacio permanente dedicado a la educación y la conservación marina en Guayaquil.

Un viaje al agua sin salir de Guayaquil: así es el Museo Interactivo Océano Vivo en la Universidad de las Artes. Foto: Francisco Verni Peralta

“Yo soñaría, y creo que con Juan José compartimos eso, con tener un espacio perenne aquí en la ciudad que la gente pueda ir a visitar”, expresó Hill. Ripalda coincide con esa visión. “Ojalá esto se vuelva algo permanente, algo constante”, afirmó.

Mientras ese objetivo toma forma, el Museo Interactivo Océano Vivo abre sus puertas en la Sala Ría de la Biblioteca de las Artes hasta el 18 de julio, con la posibilidad de extender su permanencia una semana debido a la acogida del público. El acceso es gratuito y puede visitarse de 09:00 a 17:00 de lunes a sábado.

Además del recorrido libre, cada día se realizan visitas guiadas de aproximadamente una hora y media en tres horarios: 09:00, 11:00 y 15:00, dirigidas principalmente a grupos escolares. La invitación queda abierta para que niños, jóvenes y adultos descubran el océano desde una experiencia que combina arte, ciencia y tecnología sin salir de la ciudad. (E)

 El Universo

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