Cinco días bastaron para que 57.000 personas cruzaran las puertas de la Feria Internacional del Libro de Quito en busca de historias, autores y, en algunos casos, de aquel título que llevaban meses o incluso años tratando de encontrar.
El 60 % de los asistentes provino del público femenino y el 3.4 % lo coparon personas de otras provincias
Cinco días bastaron para que 57.000 personas cruzaran las puertas de la Feria Internacional del Libro de Quito en busca de historias, autores y, en algunos casos, de aquel título que llevaban meses o incluso años tratando de encontrar.
El último día de la feria tuvo un movimiento distinto: familias caminando entre los stands, lectores comparando precios, jóvenes buscando nuevas historias y compradores que salían con bolsas cargadas de libros.
Entre las adquisiciones hubo espacio para todos los gustos. Dostoyevski y Kafka compartieron espacio con libros de Daniel Barenboim, literatura contemporánea, títulos de automotivación y publicaciones relacionadas con el bienestar emocional.
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Para algunos lectores, la feria fue la oportunidad de encontrar clásicos que querían incorporar a su biblioteca; para otros, significó descubrir un libro que no habían conseguido en las librerías habituales.
“En esta feria adquirí el libro que se llama ‘La música despierta el tiempo’, es un libro de editorial Acantilado que es muy difícil de conseguir en el país. Hay muchos ensayos filosóficos que no se encuentran y aquí pude encontrarlos”, mencionó Stephanie Lucero, lectora oriunda de Ambato.
Los precios y la variedad como atractivos principales
Los precios también fueron parte de la conversación. Los descuentos y promociones ofrecidos por varios stands se convirtieron en un incentivo para llevar más de un ejemplar. “Aquí encontré libros que estaba buscando desde hace tiempo”, comentaban algunos asistentes mientras recorrían los puestos y revisaban las mesas de novedades, ediciones especiales y títulos de menor circulación.
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La feria también tuvo un rostro familiar. Padres, madres, hijos y abuelos recorrieron juntos los pasillos, recomendaron lecturas y se detuvieron frente a los mismos estantes para discutir qué libro llevar.
En medio del movimiento, cada stand buscó diferenciarse: algunos apostaron por descuentos, otros por catálogos especializados y otros por títulos difíciles de encontrar en Quito.
“Yo venía buscando este libro que se llama ‘Tan poca vida’, pero generalmente leo libros como de Dostoyevski, León Tolstói o más clásicos como ‘La náusea’ o Kafka. La verdad me gustan mucho las librerías que venden libros usados”, opinó Nicole Balseca, asistente quiteña que junto a su novio encontraron en la Feria del Libro la oportunidad de compartir la misma pasión, la lectura.
Los ejemplares de autoayuda también formaron parte de la parrilla de compras que realizaron los lectores y recomendaron al público presente y a quienes no lograron asistir a esta nueva edición de la feria en la capital.
“Ahora me estoy llevando tres libros, uno de ellos se llama ‘Mi psicóloga me dijo’ que más que todo es de autorreflexión o autoayuda. En los stands hubo bastantes descuentos y eso me parece interesante la verdad”, mencionó Evelyn Tapia, asistente a la feria.
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Así, detrás de la cifra de 57.000 visitantes, quedó una escena más cotidiana: la de un lector que pregunta por un autor, una familia que elige una lectura para compartir, alguien que descubre un libro de autoayuda emocional y otro que finalmente encuentra ese ejemplar que llevaba tiempo buscando.
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