La doctora Katia Murrieta ha sido la gestora durante diecinueve ediciones de la revista musical Un día en el Guayaquil de ayer, la cual escribió y dirige, y en la que también participa; la más reciente se presenta hoy a las 16:00 en el aula magna de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (km 2,5 de la av. Samborondón).
La obra tiene una ‘hermana’ que se representa en diciembre: ‘Las fiestas de fin de año en el Guayaquil de ayer’.
La doctora Katia Murrieta ha sido la gestora durante 19 ediciones de la revista musical Un día en el Guayaquil de ayer, la cual escribió y dirige, y en la que también participa; la más reciente se presenta hoy a las 16:00 en el aula magna de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (km 2,5 de la av. Samborondón).
De esta obra, la autora dice que nació por casualidad. Habiendo estudiado Historia del Arte en Europa, descubrió el amor por lo antiguo y lo clásico, y al volver a Guayaquil, sintió una ausencia de actos culturales. Sobre todo, recuerda, nadie se acordaba del antiguo Guayaquil, de cómo surgió esta ciudad.
Esto la llevó a dirigir un programa que duró 5 años en Radio Nacional del Ecuador, llamado El Guayaquil de ayer, junto con el historiador, músico y folclorista Guido Garay. Exploraban desde la década de 1920 hasta la de 1960. “Luego armé un programa que se tituló Recuerdos de Guayaquil antiguo, y presenté una exposición pictórica con las casas de esa época, y concitó muchísima atención, el salón se repletó. Mientras yo le hacía la entrevista a Guido y le preguntaba cómo eran las costumbres, me preguntaba al mismo tiempo: ‘¿Y cuando Guido ya no esté, quién va a contar esto?”. Garay falleció en 2009.
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“Entonces se me ocurrió hacer un libro con esas historias, al cual denominé Estampas de Guayaquil. Hice tres ediciones con la colaboración del Municipio. Y empezó la gente a interesarse por lo que había sido nuestra ciudad en cuanto historia, costumbres, artes. Pero cuando iba a hacer la presentación de la primera edición, dije: ‘¿Y ahora cómo lo presento?’”. Murrieta confiesa que le gusta ser contracorriente, así que en vez de un conversatorio, reunió sus recuerdos de Clara de Piana, Argentina Feraud, Garay y otras investigaciones, y los teatralizó en 2010.
Explica que volvió a llevarlo a escena por consejo de la doctora María Leonor Jiménez, entonces presidenta de la Corte Superior de Justicia del Guayas. Ya fuera en julio o en octubre (este año será en agosto), se ha mantenido en cartelera. Y no está sola, tiene una hermana que se representa en diciembre: Las fiestas de fin de año en el Guayaquil de ayer, que engloba las tradiciones del adviento, Papá Noel, los villancicos. “La gente mayor llora, a ratos, porque se acuerda de cómo fue su Guayaquil, y los jóvenes conocen. Es una obra para cualquier tipo de público”.
El Guayaquil de ayer reúne a decenas de artistas en escena: actores, músicos, bailarines, cantantes de ópera; adultos mayores, jóvenes y niños. Murrieta recuerda que convenció al artista y dramaturgo Antonio Santos de que se disfrazara de Papá Noel y de Charles Chaplin. Él hizo otra aportación: el grupo folclórico Corporación de Arte Iberoamericano, que dirigen Fernando y Karen Rebutty.
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Así, cantan y bailan el charlestón, el tango, la cumparsita, el mambo, los boleros, los valses vieneses, la cuadrilla y también Mantantirulirulá, La muñeca vestida de azul, Arroz con leche y La pájara pinta. “Yo le puse un hilo conductor a la obra, que es El romance criollo de la niña guayaquileña” (que alguna vez cantó Irma Aráuz), a cargo de Gabriel Segarra (primera guitarra) y Luis López (requinto). La pieza incluye el Brindis de la Traviata, que alguna vez hizo la soprano Astrid Achi, y ahora hace la mezzosoprano Yanina Murga. Otra invitada de este año es la banda de la Policía Nacional, que mostrará las clásicas retretas.
Las mujeres se pasean con trajes largos y sombrilla; los hombres vuelven del puerto. Murrieta narra lo que ocurre, sin que la acción se detenga; no hay intermedio. Todo cierra con Guayaquil de mis amores y Guayaquileño, madera de guerrero, invitando a bailar al público.
“Yo creo que como ciudadana es mi deber hacerlo”, dice la directora de este evento, al pensar en el futuro de Un día en el Guayaquil de ayer. “Pero todo tiene su límite, ensamblar a todos los artistas, más de 50, en un mismo lugar, a una misma hora, es complicado”, reflexiona. “Aquí, lamentablemente, no se vive del arte”. (F)
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